Criterios y buenas prácticas para transformar la experiencia docente en investigación publicable
La reciente conferencia-taller que impartí al profesorado de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA) fue concebida para una universidad joven y plenamente digital, en la que se acumulan experiencias docentes valiosas. La acogida de la sesión y las preguntas planteadas confirmaron que existe un interés real por investigar y publicar, especialmente entre quienes comienzan su carrera académica. Esta entrada recoge y desarrolla las ideas centrales de la conferencia con un propósito práctico, que ayude a una investigación rigurosa que pueda llevar a un artículo a incorporarse a la conversación científica.
Entre las notas que me preparé para la conferencia y las numerosas diapositivas que mostré a los asistentes en presencia y en línea, le he dado forma a este texto que entiendo puede ser válido para muchos docentes, especialmente universitarios. Vamos allá.
La publicación científica no debería entenderse únicamente como una obligación académica. Debería implicar una responsabilidad intelectual: contribuir al conocimiento, someter las propias ideas a contraste y permitir que otros aprendan de nuestros resultados y conclusiones. Publicar ayuda a compartir hallazgos, contrastar prácticas, evitar que se repitan errores, dar visibilidad a experiencias rigurosas y fortalecer a instituciones y programas dentro del campo de la educación digital, a distancia e híbrida.
El cambio de perspectiva es decisivo. No necesitamos revestir las experiencias docentes de palabras solemnes. Necesitamos formular mejores preguntas y, cuando proceda, hipótesis contrastables, reunir evidencias adecuadas y situar nuestras respuestas en una conversación científica en la que puedan resultar útiles.






